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Por Redacción El Meridiano | 2017-01-30 00:00:00

Los Künzel

Por Élmer de la Ossa. En la historia de Sincé hay pocos casos de inmigrantes, siendo el más notable el que se dio en 1928, con la llegada de los Künzel procedentes de Alemania y de ellos echó raíces Frederich Künzel y su esposa Dorotea Zelinsky quienes tuvieron cinco hijos: cuatro nacieron en Sincé, pero el de mayor arraigo y quien fue acogido como uno de los nuestros fue Albrecht, familiarmente llamado por todos Albertico, quien luego de pasar su infancia en Sincé fue enviado a estudiar bachillerato en el Colegio Alemán de Barranquilla donde perfeccionó el alemán convirtiéndose en bilingüe y posteriormente en políglota pues también aprendió el inglés. A pesar de su arraigo sinceano, Albertico trabajó en Cali en la compañía alemana Hoechst AG. Esta lo envía a capacitarse en su propia escuela en Alemania donde preparaban a su personal con énfasis en Administración y Química. Trabaja para la misma empresa en Frankfurt y posteriormente es trasladado a Uruguay donde desempeña un alto cargo y nuevamente a Cali como asistente de Gerencia de Químicos y Plásticos y es ascendido al Departamento de Ventas a nivel nacional. En 1980 rechaza un ascenso en la casa matriz en Frankfurt.

Con la muerte de su padre regresa a Sincé y se pone al frente de la finca familiar "La Guajira", convirtiéndose en un innovador, que aplica los conceptos básicos de la administración y las técnicas de la explotación ganadera con división de potreros, siembra de pastos mejorados, utilización de suplementos, construye vaqueras, un pozo profundo con molino de vientos, aplica el destete precoz, se inicia en el mejoramiento genético vía inseminación artificial, un concepto moderno de la ganadería. Podría decirse que fue un pionero y que se llegó a ver como el ejemplo a seguir por la tradicional ganadería sinceana. Todo iba bien hasta cuando con la Reforma Agraria se desborda la invasión de predios rurales acompañada de una ola de inseguridad y robo de ganados que desestimularon al novel empresario. "Me sentí desprotegido y amenazado", nos dijo con mal disimulada nostalgia en su reciente visita a Sincé, "y por eso decidí vender las tierras al mejor postor". Parte para Bogotá y funda en Tena, Cundinamarca, una empresa porcícola con alta tecnología, y nuevamente la ola de inseguridad se apodera de la región con atracos a explotaciones agropecuarias, se desestimula nuevamente y decide vender su empresa y viajar a Alemania donde reside hasta hoy. Traemos a colación la historia de los Künzel y especialmente la de Albrecht, porque a sus setenta y tres años −y sus treinta y dos de haber partido de Sincé− regresa lleno de recuerdos y "saudades" a visitar al pueblo que confiesa amar como su terruño. En un encuentro fortuito y haciendo remembranzas del pasado sale a flote su amor por la tierra. Le pregunto, entre otras cosas, si ha leído las obras de García Márquez, y con su cadencia desprevenida me contesta: "Leí 'Cien años de soledad' estando en Montevideo y cuando la estaba leyendo sentí ganas de llorar, porque en esas narraciones veía retratado a Sincé, el pueblo que me enorgullece"


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