Compromiso

La recuperación del control del sur del departamento de Córdoba es una tarea urgente.

La expectativa de los cordobeses ante el compromiso de las autoridades de que en el mes de marzo el sur del departamento estará estabilizado es muy grande, sobre todo de la comunidad residente en esa zona que espera confiada que ese compromiso se cumpla.

Ya era hora de que se le prestara más atención a esta sección de Córdoba, no solo por parte de las autoridades departamentales sino también de las nacionales, que tienen la gran responsabilidad de devolverles la tranquilidad a sus habitantes. 

Retomar el control en el sur de Córdoba y el Bajo Cauca antioqueño en el menor tiempo posible es una obligación del Gobierno con las comunidades de esa zona, y esta no solo debe ser en el aspecto militar sino que debe también contemplar el componente social, incluyendo lo referente a justicia e infraestructura. 

Esperemos, entonces, que el último megaconsejo de seguridad, con ministra y congresistas a bordo, empiece a dar resultados pronto, porque todo compromiso tiene que cumplirse.

Que no sea un obstáculo

La continuación o no de la Ley de Garantías se debe discutir, teniendo en cuenta los obstáculos que genera en las administraciones.

En un año electoral como el presente, necesariamente cobra vigencia el tema de la llamada Ley de Garantías, la cual se ha convertido en un verdadero obstáculo para las alcaldías y gobernaciones. 

Se insiste que debería eliminarse esa disposición que  actualmente lo que hace es entorpecer la ejecución de los planes de desarrollo de las regiones al no poder contratar los entes territoriales durante ciertos periodos. 

Los que no están de acuerdo con esa ley, como la Federación Nacional de Departamentos, aducen que esta ya perdió importancia porque fue creada pensando en la figura de la reelección presidencial, la cual ya no existe en nuestro país. Y quienes están de acuerdo con ella aseguran que  es necesaria para evitar favorecimientos y beneficios con recursos públicos en la contienda electoral. 

Lo cierto es que con o sin ley de garantías, en nuestra Colombia los corruptos se las siguen ingeniando para hacer de las suyas con los recursos del Estado.

Crear una cultura

La cultura ciudadana, esa que a muchos les falta, es clave en el éxito del nuevo sistema de transporte. Hay que insistir en ella.

 

La capital cordobesa se viene preparando con toda para la pronta implementación del Sistema Estratégico de Transporte Público, con lo que se busca mejorar la movilidad del servicio. Este será un gran paso en el crecimiento de la ciudad, por lo cual requerirá del apoyo y compromiso de todos los ciudadanos. 

Para ello es imprescindible que todo ese proceso de modernización del sistema de transporte público vaya acompañado de una gran campaña de información, explicación y concientización del usuario sobre la importancia de que este se integre correctamente al sistema, lo respete y lo defienda.

Hay que tener en cuenta que esto traerá nuevos hábitos, como el uso obligado de los paraderos, carriles de uso exclusivo de los buses y la posibilidad de hacer trasbordos con el mismo pasaje, entre otros. Por ello hay que crear toda una cultura ciudadana alrededor del nuevo sistema. Algo similar a lo que se hizo, guardando las proporciones claro está, con la exitosa cultura metro de Medellín.

Dolores de cabeza

No paran los dolores de cabeza en que se han convertido la falta de cultura ciudadana y las infracciones de los motocicistas.

El mal proceder de muchos motociclistas y la falta de cultura ciudadana siguen siendo, infortunadamente, el lunar negro en el crecimiento  exponencial que ha tenido en los últimos años la capital cordobesa. 

Que en el 80% de los accidentes presentados el año pasado haya estado involucrada al menos una motocicleta es una cifra alarmante que refleja que los motociclistas no han tomado conciencia de la importancia de cumplir las normas y que las campañas pedagógicas siguen siendo un saludo a la bandera. 

Y ni qué decir del desgaste tan bárbaro de las autoridades en el interminable juego del gato y el ratón que se da en la zona céntrica de la ciudad para que carros y motos no ocupen los andenes y para que el espacio público recuperado no vuelva a ser invadido por vendedores informales.

Falta previsión

Siempre pasa lo mismo, a última hora es que van a correr a tomar medidas, cuando en muchas ocasiones ya es tarde.

El país está empezando a sufrir los rigores del fenómeno de El Niño, caracterizado este por una fuerte disminución de las lluvias, heladas en determinadas zonas y altas temperaturas en muchas otras. 

Por predicciones metereológicas, este fenómeno fue advertido con suficiente antelación, pero solo recientemente los organismos del Estado que tienen estrecha relación con sus efectos han intentado actuar.

En Colombia, infortunadamente, no somos previsivos. Eso, por supuesto, es una connotación negativa. Y en razón a esa circunstancia, en días recientes fue cuando empezó a hablarse, verbigracia, de recomendaciones para ahorrar agua, construcción de resernorios, almacenamiento o aprovisionamiento de alimentos para animales, etc, cuando ya probablemente es muy tarde para hacer algo significativo al respecto. 

Qué bueno hubiera sido que se tomaran las precauciones oportunamente y que se previeran a tiempo las consecuencias adversas de El Niño.

Indignación

La lucha contra la corrupción no se puede quedar solo en retórica, hay que librarla desde todos los frentes.

Con justa razón el país está indignado por culpa de las últimas decisiones judiciales que benefician a personajes involucrados en grandes y sonados casos de corrupción. 

El hecho de que los corruptos pasen poco tiempo tras las rejas o lo que es peor: sean beneficiados con detención domiciliaria es suficiente motivo para sentirse indignado, sean cuales sean los argumentos que se expongan desde el ámbito jurídico. 

Quien comete actos de corrupción 'la saca barata' es la sensación que existe en la sociedad colombiana y, por supuesto, es un pésimo mensaje que se le envía a la comunidad, especialmente a las generaciones en formación. 

Si se está en una lucha contra la corrupción, como lo han anunciado los últimos gobiernos, no se entiende por qué los bandidos no reciben el castigo que realmente merecen, por qué no se hacen las reformas judiciales a que haya lugar para que esto ocurra. Esas incognitas sin resolver provocan que en el imaginario colectivo persista la idea de que hay un contubernio entre los que ostentan el poder y los corruptos.